Continuando con el hilo de la semana pasada, vamos a seguir avanzando con las alternativas que pueden existir frente al tradicional gasóleo o al algo más novedoso gas natural licuado.

Cuando digo que descarbonizar no es electrificar, lo que quiero decir es que los vehículos eléctricos de batería no son la única alternativa posible a los vehículos de combustión interna que queman combustibles fósiles. Creo que hay unanimidad en el sector sobre la necesidad de neutralidad tecnológica. El transporte por carretera es muy distinto del automóvil de turismo y sus variadas aplicaciones exigen soluciones diversas que respondan adecuadamente a distintas necesidades. Vamos a ver qué opciones podemos utilizar:

Empezando por los vehículos eléctricos de batería, sabemos que sus autonomías son todavía algo limitadas y los tiempos de recarga, relativamente largos. Es cierto que el estándar MCS promete recargas casi completas en los 45 minutos de descanso del conductor, pero tendremos que ver cómo afecta a la vida de la batería el uso recurrente de este tipo de cargadores los cuales, por otra parte, todavía no están disponibles.

Otra opción posible sería utilizar biocombustibles o combustibles sintéticos en motores de combustión similares a los actuales. La cuestión aquí es, en el caso de los biocombustibles, si la cantidad que se podría producir a partir de los residuos biológicos existentes, vegetales o animales, sería suficiente para satisfacer la demanda. En el caso de los sintéticos, la cuestión es cuál será su precio, teniendo en cuenta la complejidad del proceso productivo, así como su todavía escasa madurez tecnológica.

Por último, llegamos al novedoso hidrógeno verde. Para usar este vector energético, se abren dos posibilidades: utilizar el hidrógeno como combustible en un motor similar a los actuales o bien producir electricidad mediante una pila de combustible para alimentar un motor eléctrico, similar al de un vehículo de batería. En ambos casos, tanto las autonomías de los vehículos como los tiempos de recarga son perfectamente aceptables desde un punto de vista operativo.

No obstante, el reto para adoptar el hidrógeno es la todavía inexistente red de recarga de hidrógeno verde, así como la escasa oferta y el elevado precio de los vehículos impulsados con esta fuente de energía. 

Y, obviamente, no podemos olvidar el elemento crucial de todo este debate: el precio. Nada de lo anterior tendrá sentido en tanto en cuanto los costes operativos no sean competitivos en comparación con los que en cada momento tengan los vehículos que sigan utilizando los tradicionales combustibles fósiles. Y esta paridad puede conseguirse, y se conseguirá, por diferentes vías: bien facilitando el uso de las nuevas tecnologías, o bien penalizando el de las antiguas.

Por último, no hay que olvidar que, para producir tanto los combustibles “verdes” (“bios” o sintéticos) como el hidrógeno “verde”, se necesita “electricidad verde” en grandes cantidades, aunque de esto hablaré en profundidad en una próxima entrada del blog.

Y, por supuesto, si crees que merece la pena realizar un análisis detallado de tu situación particular, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Un saludo, F.