El transporte emite cada año más de 8 Gt. de CO2, lo que representa un 24% de las emisiones totales de estos gases. De esta cantidad, el 25% corresponde al transporte por carretera. En el caso de España, la proporción es similar para el transporte, pero la carretera es responsable del 95% de esta cantidad y, sobre esto, más del 25% procede de vehículos pesados.

Los efectos de estas emisiones sobre el clima son innegables: aceleración del cambio climático, fenómenos meteorológicos extremos, catástrofes climatológicas…

En consonancia con los objetivos climáticos de la UE para 2030, el Consejo y el Parlamento han confirmado recientemente los objetivos de reducción de emisiones para el transporte por carretera. Las cifras finalmente establecidas son el 15% para 2025, el 45% para 2030 (frente al 30% inicialmente propuesto), el 65% para 2035 y el 90% para 2040. 

Estos objetivos se aplicarán a los camiones pesados de más de 7,5 t. y a los autocares. Además, en el caso de los autobuses urbanos, esta ambición sube hasta el 90% para 2030 y el 100 % para 2035. Y todo ello, comparado con los niveles de emisiones de los años 2019 – 2020.

Es importante tener en cuenta que estas cifras no son variables, sino parámetros. Para que entre en vigor, sólo falta que sea publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea.

Por si esto no fuera suficiente, el Consejo y el Parlamento han acordado, además, crear un nuevo régimen de comercio de derechos de emisión para diversos sectores industriales, entre ellos el transporte por carretera.

Este nuevo régimen, que se pondrá en marcha en 2027, se aplicará a los distribuidores que suministran combustibles. Para facilitar su puesta en marcha y en caso de que fuera necesario, se tomarían medidas específicas para que el precio de los derechos no supere los 45 € durante los tres primeros años.

Con todo esto, la Unión Europea pretende reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55 % de aquí a 2030, en comparación con los valores de 1990, y lograr, así, la neutralidad climática en 2050.

A la vista de todo esto, queda claro que el sector del transporte por carretera se enfrenta a un proceso de transformación tecnológica y operativa sin precedentes y, en esta situación, es normal que nos surjan grandes dudas:

¿Qué es mejor: pagar por los derechos de emisiones y seguir quemando gasoil o renovar la flota con vehículos de cero emisiones?

¿Qué alternativas a los vehículos Diesel existen o van a existir?

¿Por qué no utilizar a biocombustibles o combustibles sintéticos?

¿Cuánta electricidad hace falta? ¿Tenemos suficiente? ¿Dónde? ¿A qué precio? ¿Es verde?

¿Y cómo funciona eso del hidrógeno?

En sucesivas entradas, que publicaremos en las próximas semanas, daremos respuesta a todas estas cuestiones. Si crees que merece la pena realizar un análisis detallado de tu situación particular, ponte en contacto con nosotros.

Un saludo, F.